miércoles, 23 de marzo de 2011

Práctica, repetición y ensayo…

¿Cuál es la mejor estrategia para el aprendizaje?
¿Quieren que les proporcione un secreto?

No existe ninguna estrategia infalible, pero si podemos dar algunas herramientas cerebrales útiles en cualquier circunstancia.
En las últimas décadas se han puesto de moda libros de autoayuda, cursos y seminarios de desarrollo personal, talleres de todo tipo a la búsqueda del sí mismo. Millones de personas compran esos libros y participan en esos seminarios, muchos de ellos de programación neurolingüística. La mayor parte de ellos acaban frustrados, con la sensación de que han estado perdiendo el tiempo, de que se les ha timado. Los libros no sirven para nada, los cursos de todo tipo son una pérdida de tiempo SI NO LOS LLEVAS A LA PRÁCTICA. Nada funciona mientras no lo practicas. Si quieres te lo digo al revés: La práctica siempre funciona, la repetición siempre funciona, el hacer pruebas siempre funciona.
La estrategia que en este articulo proponemos es: PRÁCTICA, REPETICIÓN Y ENSAYO. ¿Te lo repito? Práctica, repetición y ensayo. ¿Otra vez? Práctica, repetición y ensayo. Práctica, repetición y ensayo. Práctica, repetición y ensayo…
No existe mejor herramienta cerebral que la magia de la repetición. Hay una diferencia muy amplia entre SABER y HACER. Los libros, los cursos dan conocimientos. Los conocimientos sirven para bastante poco. La práctica sólo la puedes poner tú. La práctica es la que da el poder. El conocimiento no es una herramienta. La práctica sí.
Con la repetición, con la repetición, una y otra vez. La repetición es la más poderosa herramienta de aprendizaje. Sin repetición no hay aprendizaje. Sin repetición no hay aprendizaje. Sin práctica no hay aprendizaje. Sin práctica no hay aprendizaje. Sin ensayo ningún músico puede llegar a dominar su instrumento. Sin entrenamiento ningún deportista es capaz de batir marcas.
Cuando alguien lee un libro o asiste a un curso y no practica los conocimientos que encuentra en ellos, ¿cómo pretende sacar rendimiento? Sin práctica, repetición y ensayo nada funciona. En los libros y en los cursos se dan conocimientos: "Mira, esto funciona así. Ahora la práctica la pones tú".
¿Sabes cuántas horas de práctica, repetición y ensayo se necesitan para empezar a tocar medianamente bien un instrumento musical?
No es lo mismo tener conocimientos sobre piano que saber tocar el piano. ¿Cuántas horas ha practicado Hugo Sánchez antes de intentar en un partido una chilena? ¿Y pretendes que leyendo un libro o asistiendo a un curso de 100 horas vas a poder dominar esos conocimientos? Con 100 horas sabrás bastantes cosas teóricas, pero no sabrás hacerlas. El mejor profesor del mundo te puede enseñar muchas cosas, pero la práctica, la repetición y el ensayo no dependen de él, dependen de ti. Sólo dependen de ti.
Práctica, repetición y ensayo…

Hasta el infinito y más allá.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Herramienta SDNT [start, do, notice, think]

En general siempre es bienvenida una estrategia aunque llegue al final a un enfoque iterativo. Usando la experiencia del estratega, y trabajar en el espacio entre la visión y las consideraciones prácticas de la situación. Esta tensión de diferencia existe si el diseño de un producto o la estrategia de una solución legal a un acto criminal. Básicamente es el mismo proceso el que ponemos en juego, la aplicación de un proceso a la situación actual y una solución o varias alternativas posibles en forma de una visión en poder de cualquier profesional. Afortunadamente, este proceso ha sido articulado por Michael Gleeson-Hewitt de la Escuela de Pensamiento. El proceso es SDNT [inicie, actúe, observe, piense]
Al inicio de la investigación, interpretamos la realidad con una hipótesis, con pruebas posteriores, repetimos el experimento. Sin embargo, como un proceso simple, eficaz y sin terminación -a menudo no es visto favorablemente de aquellas personas que tienen la idea de una corrección final. La clave para la comprensión y el uso eficaz de los SDNT es darse cuenta de que es un proceso iterativo y puede ser repetido una y otra dentro de un dilema, y se utiliza en múltiples puntos dentro del proceso de resolver el "problema".
Esta herramienta [SDNT], no es una solución prescriptiva a un conjunto de problemas que se pueden consultar en un catálogo. Asimismo los componentes no pueden ser usados en una situación jurídica, sin embargo una versión del juego de los eventos se podrían utilizar, por ejemplo, un juego de rol profundo que se promulguen las situaciones de seguir y proporcionan la oportunidad de ver lo que funciona y lo que no. Como es el caso de resolver los problemas en matemáticas, donde se puede plantear como técnica de “ensayo-error”
Entonces, ¿cuál es la respuesta a un dilema? Como se ha dicho por muchos en el campo de la depende de la experiencia o del conocimiento previo. Y así resolvemos.
http://www.cidse.itcr.ac.cr/revistamate/MundoMatematicas/ResolProblema/index.html
Otro sitio para resolver problemas con las estrategias de Polya
http://www.winmates.net/includes/polya.php

domingo, 6 de febrero de 2011

Pros y contras de algunas redes sociales para ser usadas en educación

Tomado del blog del Maestro Juan José Haro.

Servicio

Pros

Contras

Recomendado para

EDMODO + Diseñado específicamente para educación.
+ Asignación de tareas calificables por el profesor.
+ Permite crear subgrupos (por ej., asignaturas de un curso).
+ Se pueden subir archivos a la red.
+ Posibilidad de usarlo con alumnos de cualquier edad.
+ Totalmente traducido al castellano.

- Sistema basado en microblogging, centrado en el texto donde los mensajes nuevos reemplazan los antiguos.
- La ausencia de mecanismos de comunicación hace que no sea realmente una red social.
- Falta general de funcionalidades.
Alumnos de cualquier edad cuando no se requieran grandes funcionalidades. Tanto para grupos homogéneos (1 asignatura) como heterogéneos (diversas asignaturas y niveles).
SocialGO + Permite crear subgrupos privados dentro de la red. - Edad mínima de los alumnos 13 años.
- Traducción al castellano parcial.
- No se pueden subir archivos a la red.
- Personalización de la red muy limitada.
Alumnos mayores de 13 años. Grupos heterogéneos de alumnos (diversas asignaturas y niveles de alumnos).
Grouply + Soporte específico para educación [Ver].
+ Permite subir archivos.
+ Gran control y personalización de la red.
+ Totalmente traducido al castellano, catalán y gallego.
+ Posibilidad de usarlo con alumnos de cualquier edad.
- No permite la creación de subgrupos privados dentro de la red, aunque sí públicos. Alumnos de cualquier edad. Grupos homogéneos de alumnos (1 asignatura o pocas).
Grou.ps + Permite subir archivos.
+ Buen control y personalización de la red.
+ Dispone de wiki.
- Edad mínima de los alumnos 13 años.
- Espacio de almacenamiento reducido (100MB).
- Traducción de la red defectuosa.
- No permite la creación de subgrupos privados dentro de la red, aunque sí públicos.
- Todas las redes creadas en la versión gratuita son públicas.
Alumnos mayores de 18 años.
Grupos homogéneos de alumnos (1 asignatura o pocas).
Cuando se necesite wiki en la red.
 
Ning + Permite subir archivos.
+ Buen control y personalización de la red.
+ Traducido al castellano, catalán y gallego.
+ Permite crear subgrupos privados dentro de la red.
- Red de pago (aunque asumible por cualquier centro educativo).
- Edad mínima de los alumnos 13 años.
Alumnos mayores de 13 años.
Grupos numerosos y heterogéneos de alumnos y profesores (muchas asignaturas y niveles de alumnos) .

 

Puedes consultar información más detallada de estas redes y otras en RSVEdu.

domingo, 30 de enero de 2011

Pensar hoy de Emilio Lledó Iñigo

Para Lledó el complejo mundo en el que vivimos nos exige, cada vez más, responder a una pregunta: ¿qué debo hacer? No basta con acumular conocimientos, ni siquiera con interpretarlos. Hay que pensar
Por lo que me dicen, a principios del nuevo siglo, hay que pensar en él; en lo que nos traerá, en lo que nos quitará. Al intentar una respuesta a tan interesante pretensión, surge una primera dificultad. ¿Pensar lo que va a ser una época que se presenta, según se predica, como sociedad tecnológica, sociedad de la información, y otros retumbantes pronósticos? La respuesta podría dejarse a los profetas, augureros, pitonisos, magos, oscurividentes, clérigos o hechiceros de distintas sectas, que vaticinan sin cesar sobre nuestro futuro y hasta nos acosan con sus vaticinios. Pero, a lo mejor, eso no es pensar aunque tales personajes utilizan el lenguaje -el instrumento esencial de la comunicación humana- para crear formas de comunidad, identificaciones y diferencias, casi siempre con muy concretas y nada mágicas intenciones.
Pensar debe ser una forma mental que analiza lo que experimentamos en el curso de cada vida.
Habría que saber primero lo que significa ese verbo "pensar", esa palabra. No es un sustantivo: algo hasta cierto punto firme, estable, duradero, como la mesa, la silla o incluso manejable como la pluma con la que escribo; o como mi amigo, o esa pareja que pasea ante mi balcón. Hay, sin embargo, una diferencia entre la pluma, la mesa y, sobre todo, mi amigo, o esa pareja que pasa ante mi balcón. La diferencia, así a primera vista, es que esos seres, esas personas, son también "sustantivos", seres reales, que caminan, que respiran y sobre todo -por eso son personas- que tienen dentro de sí algo más etéreo, más inasible, que fluye por las neuronas y que sustantivamos llamándole pensamiento, aunque no lo veamos, aunque no lo podamos tomar en nuestras manos, ni siquiera cuando lo expresamos ni, casi, cuando lo escribimos.
Un objeto delicado, misterioso, porque está lleno de grumos mentales, de opiniones que se van formando y que, muchas veces, no podemos controlar, ni siquiera saber cómo han venido, por qué las tenemos. Desconocemos incluso si son verdaderamente nuestras o nos las han puesto en el cerebro, nos las han impuesto para cultivar nuestra ignorancia; para degenerarnos, desquiciarnos, hacernos agresivos e irracionales.
Un objeto delicado y por ello peligroso. Está expuesto a mil ataques en los que podemos perder lo que somos y el sentido de dónde estamos. Pero, al mismo tiempo, ese incesante fluir de nuestras ideas, del producto de esa luz interior que nos hace conscientes y dice quiénes somos, qué clase de ser somos, es lo más importante, lo más intenso, lo más hermoso de la vida humana.
Pensar, dicen los expertos, es establecer relaciones lógicas, racionales, entre cosas, sucesos, intuiciones, y hacer que esas relaciones tengan coherencia y sentido. Pero pensar debe ser también algo más sencillo, incluso más primitivo, más inmediato: tener proyectos, deseos, opiniones, afectos, sensibilidad, pasiones.
En la vida social, el pensamiento resultado de esas iluminaciones -porque pensar es dar luz, alumbrar-, de esas proyecciones y apetencias del sujeto, convierte a los seres humanos en reflejos conscientes, donde aparece un territorio mucho más amplio que el que comprende esa coherencia que llamamos "lógica".
Pensar debe ser también una forma mental que analiza lo que ven nuestros ojos, lo que oímos, lo que experimentamos en el curso, en el "discurrir", de cada vida. Creo que en todos los tiempos el proceso del pensamiento fue siempre el mismo. Porque como dijo el filósofo en la primera línea de un libro ya famoso: "Todos los hombres tienden por naturaleza a ver, a entender, a idear". Pensar el siglo XXI es en el fondo, como proceso de conocimiento, lo mismo que en el siglo XVIII, o en el XII, y no digamos en el siglo V antes de nuestra era, cuando uno de aquellos geniales personajes que inventaron la racionalidad, la justicia, la felicidad, dijo que no le importaba tanto saber lo que era el bien, la ética, sino que fuéramos buenos, decentes; que supiéramos elegir entre el bien y el mal, entre el necesario pero tantas veces miserable bien personal y el bien de la comunidad a la que pertenecemos, que es el mundo entero, la vida entera. Inventaron, se miraron en el espejo de esas palabras porque supusieron decirlas y porque su mente, a pesar de posibles contradicciones, era libre y luchaba por esa libertad.
Pero, por supuesto, hay que pensar el nuevo siglo. Y pensar, como digo, fue siempre ejercer esa posibilidad de interpretar y, sobre todo, de poder y querer entender. Otro texto famoso de la filosofía, en un libro que hablaba de antropología, de lo que son o deben ser los seres humanos, se preguntaba: "¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar?". Las preguntas tan próximas, tan elementales, señalaban el amplio horizonte de toda la historia, y es en esa historia entera donde siempre, bajo múltiples formas, han resonado. Preguntas de toda la vida y que el tiempo no desgasta jamás.
Pero es verdad que, como cantaba la vieja zarzuela, "hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad". Adelantan o atrasan. Porque como también se ha comentado, muchas veces, "nunca como hoy han tenido los seres humanos tantas posibilidades de información, de comunicación y, paradójicamente, nunca han estado tan silenciosos, tan inermes, tan deteriorados". Es cierto que la ignorancia y el oscurantismo han dominado la existencia humana y su organización social. Pero la inteligencia deformada, degenerada es aún peor que la barbarie.
Ese silencio personal se debe, sobre todo, a que no aprendemos a pensar, a que esa afirmación tan certera de que "el hombre es lo que la educación hace de él" se realiza a duras penas. Los fomentadores de la ignorancia, los fanáticos de tantas falsedades, no quieren la libertad de la mente, la libertad de aquellos a quienes, de sutiles maneras, subyugan y explotan porque les roban el único, verdadero, tesoro del pensamiento, de la "libertad de conciencia". La liberación y autonomía de la mente, de la capacidad de interpretar y entender, pone en peligro los intereses de las implacables oligarquías que los engendran.
La oposición entre los poderosos y los inermes, los "pudientes" y los que casi nada pueden, los farsantes y los inocentes, ha recorrido la historia de la humanidad. Pero hoy, precisamente, por el imperio de esas nuevas divinidades que llaman "mercados", y con todas las excepciones que queramos, de sus indecentes mercachifles domina, como la "cólera de las imbéciles", el mundo. La forma más indigna de dominio es la corrupción de la inteligencia, de la capacidad de discernir, de amar, de "contemplar el cielo estrellado fuera de mí, y la ley moral dentro de mí". Y la corrupción de los "poderosos" fomenta la degeneración de sus lacayunos vasallos e incluso, en el colmo de su estulticia, la imitación. Sorprende que corruptos reconocidos, incluso condenados, sean votados, elegidos, por entontecidos ciudadanos -¿corrompidos también por su propia avaricia?
A lo largo de la historia siempre hubo semejantes deformaciones, pero en los comienzos del nuevo siglo mereceríamos que no fueran ya posibles las monstruosidades que nos trasmiten los medios de información y que parecen increíbles. Pero las sabemos y eso ya es importante, aunque nos las disuelvan en papillas ideológicas. Es, efectivamente, arriesgado estar en el mundo. "Es difícil ser bueno en un mundo malo", decía la portada de una revista alemana no hace muchos años. Es verdad que la vida como tensión y camino, la "lucha por la vida", parece caracterizar a los seres humanos. Pero todo ello, en nuestro convulso y cruel territorio, en la dura historia que día a día vivimos, produce un lamentable e indeseable fenómeno social: estamos tan asfixiados por la "sociedad de la información" -¿del conocimiento?- que acabamos por acostumbrarnos e insensibilizarnos.
Pensar es además, en la incomparable complejidad de nuestro mundo, algo tan necesario o más que en otros tiempos. Pero en el nuestro, en el que a pesar de todo se han hecho indudables progresos -la ciencia, la lucha por los derechos humanos, la liberación de tantos fantasmas y discriminaciones, etcétera-, no basta ya con saberlos, con interpretarlos. Hay que plantearse la segunda pregunta kantiana: "¿Qué debo hacer?".
Este es el reto que el pensar nos lanza. Un pensar que tiene que ser alumbrado por todos esos ideales de "filantropía" que la mejor tradición cultural nos ha entregado. Ideales que hay que discernir, que limpiar, de las pegajosas desinformaciones que podemos padecer precisamente por la "sociedad de la información". El pensar hoy, entre esos ideales, tiene una exigencia ineludible: la educación. Pero esa exigencia nos traslada al "hacer" al que se refería el interrogante kantiano. Sólo el "hacer del pensar"; la creación de instituciones que fomenten la libertad de la mente será el quehacer esencial de nuestro tiempo. Una empresa política que, por cierto, se funda en otro "hacer": el de la inteligencia y honradez de quienes nos gobiernen. Honradez y decencia que necesita de la nuestra al elegirlos.

Emilio Lledó (Sevilla, 1927) es autor, entre otros libros, de El marco de la belleza y el desierto de la arquitectura (Biblioteca Nueva), Ser quien eres. Ensayos para una educación democrática(Universidad de Zaragoza) y Filosofía y lenguaje (Crítica).
El elogio de la infelicidad
http://www.cuatroediciones.com/ficha.php?idficha=21
"Estoy aquí como tu amigo"
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Estoy/amigo/elpepusoc/20070921elpepusoc_1/Tes