jueves, 11 de abril de 2013

Yo no Trabajo


Javier Martínez Aldanondo
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
El título del artículo de este mes no significa que haya decidido jubilarme coincidiendo con el newsletter número 50. Me quedan todavía bastantes años de “carretera”…
Cada vez que viajas de un país a otro en avión, las autoridades respectivas exigen rellenar un formulario que, entre otras cosas, pregunta tu profesión. Durante mucho tiempo, esa pregunta me resultó muy difícil de contestar. Desde el punto de vista académico, estudié Derecho pero jamás he ejercido como abogado. Los primeros años de actividad profesional los invertí en fundar y gestionar 2 empresas en el ámbito de la tecnología, el conocimiento y el aprendizaje. Actualmente mi tarjeta dice que soy Gerente de Gestión del Conocimiento. Hasta hace unos meses, resolvía el trámite escribiendo lo primero que me venía a la cabeza (torero o domador eran las opciones más habituales) pero últimamente he decidido escribir textualmente “no trabajo” y, por suerte, no es porque me haya quedado desempleado. A veces me tienta poner  “aprendedor profesional“ pero me contengo. “No trabajo” es también lo que respondo cuando alguien me pregunta a qué me dedico ante lo cual suelo percibir una mueca a medio camino entre la incredulidad y el estupor. Pero en verdad lo creo así. Hay 2 ámbitos desde donde creo interesante analizar por qué mantengo que “Yo no trabajo”:

1. El preguntar a los directivos qué “conocimiento” echan de menos en sus colaboradores, lo primero que mencionan es “leer, escribir y hablar bien” Al igual que ocurre casi todas las personas que conozco, las tareas que ocupan la mayor parte de mi agenda se agrupan en esas 3 grandes áreas, demasiado obvias como para considerarlas trabajo:
a. Leer: Cada día dedico buena parte de mi tiempo a la lectura de distintos tipos de documentos, en español e inglés, que incluyen por ejemplo: mails, solicitudes de clientes, curriculums, artículos y papers, informes de proyectos, webs de toda clase, propuestas, bases técnicas, etc.
b. Escribir: Otra parte importante de la jornada la dedico a escribir por ejemplo: más mails (en su momento escribiré acerca del daño que nos está causando el correo electrónico), artículos, propuestas, informes, presentaciones, chateo vía messenger con compañeros, etc.
c. Hablar: Finalmente, invierto un tiempo considerable en conversar (por distintos medios, ya sean presencialmente, por teléfono o vía skype) con mis colegas y con otros colaboradores para coordinar actividades y reuniones, con los clientes durante la ejecución de los proyectos, con los potenciales clientes, con los asistentes a los talleres y conferencias en que participo, etc.
No tengo dudas de que estos 3 aspectos suponen la ocupación esencial de los trabajadores del conocimiento. No parecen gran cosa, a fin de cuentas, todo el mundo sabe leer, escribir y hablar y por eso me resulta tan embarazoso considerarlo un trabajo. En teoría, el colegio te enseña esas habilidades durante los primeros años. Sin embargo, leer, escribir y hablar bien es bastante más complejo porque implica una serie de operaciones mentales bastante sofisticadas que suelen pasar desapercibidas. Todos sabemos escribir pero unos pocos escogidos son capaces de escribir un libro. Todos dedicamos muchos años al simple ejercicio de conversar pero muy pocos están habilitados para improvisar un discurso inolvidable ante un auditorio. ¿Cuáles son esas operaciones tan sofisticadas y tan escasas?

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